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Extremadura antigua: de los pueblos prerromanos a los visigodos

Mil años de historia antes de la Edad Media: verracos y castros vetones, murallas y teatros romanos, basílicas visigodas y un santuario tartésico en La Serena.

AntigüedadVetones y visigodosBadajoz y Cáceres

Antes de la Edad Media

La Extremadura romana tiene su propia ruta, pero Roma es solo un capítulo de la Antigüedad extremeña. Antes de su llegada, el territorio estuvo poblado por los vetones —constructores de castros y de verracos de granito— y recibió la influencia del mundo tartésico del Guadalquivir; después, bajo los visigodos, Mérida fue sede de uno de los obispados más importantes de Hispania y por el campo se levantaron templos rurales como el del Trampal.

Esta ruta recorre ese largo periodo, desde el siglo VI a.C. hasta el siglo VII, cruzando tipos de patrimonio muy distintos: necrópolis, esculturas, poblados fortificados, murallas, teatros, monumentos funerarios e iglesias. Sigue un orden aproximado de norte a sur, de La Vera a La Serena.

Vetones y castros en el norte y el centro de Cáceres

La ruta arranca en Madrigal de la Vera, junto a la Garganta de Alardos, donde se halló la Necrópolis del Cardenillo, un yacimiento de incineración del siglo V a.C. del horizonte Cogotas II; su urna funeraria contenía un bocado de caballo de bronce y en el entorno apareció un broche de cinturón de tipo tartésico. En el valle del Ambroz, Segura de Toro, asentada sobre un antiguo castro prerromano, conserva en su Plaza Mayor un verraco vetón de granito del siglo VI a.C., Bien de Interés Cultural.

Hacia el oeste, las Murallas de Coria rodean la antigua Caurium, municipio de origen vetón que alcanzó la ciudadanía romana: la primera fortificación es del siglo I, el trazado actual responde sobre todo a una reconstrucción de los siglos III-IV, y en la Alta Edad Media la ciudad fue sede episcopal visigoda. Ya en el centro de la provincia, junto al río Tamuja, el término de Botija guarda el castro de Villasviejas del Tamuja, recinto amurallado de origen vetón (siglos IV-I a.C.) con dos cercas defensivas y varias necrópolis de cremación excavadas. Más al este, a unos 5 km de Aldeacentenera, el castro de la Coraja es un poblado amurallado vetón de los siglos V-IV a.C., con una necrópolis de más de setenta enterramientos a unos 500 m del recinto.

De la Mérida romana a los templos visigodos

En Garciaz se conserva la ermita de la Portera, de época visigoda (en torno al siglo VII), con una nave cubierta por una rara bóveda de cañón de herradura levantada con sillares romanos reaprovechados. A 3 km de Alcuéscar, la Basílica de Santa Lucía del Trampal, del siglo VII, es una de las iglesias visigodas mejor conservadas de España, con su cabecera de tres capillas independientes; se levantó sobre un santuario prerromano dedicado a la diosa indígena Ataecina, del que han aparecido más de treinta inscripciones latinas.

En Mérida, capital de la Lusitania, el Teatro Romano, construido entre los años 16 y 15 a.C. con la financiación de Marco Agripa, representa lo mejor del legado de Roma; el resto de la Mérida romana está en la ruta del patrimonio romano. Muy cerca, San Pedro de Mérida conserva junto a su iglesia parroquial restos de una basílica visigoda, uno de los pocos vestigios de ese periodo en Extremadura.

La ruta termina en Zalamea de la Serena, con dos paradas separadas por varios siglos: el Dístilo romano, monumento funerario de dos columnas de unos 24 metros erigido hacia el año 100-101 d.C. en honor de Trajano en la antigua Iulipa, y, a unos 7 km del pueblo, el Yacimiento de Cancho Roano, santuario-palacio tartésico de los siglos VI-V a.C. rodeado por un foso, clausurado con un incendio ritual antes del año 370 a.C. y considerado el conjunto tartésico mejor conservado de la península ibérica.

Cómo plantear la ruta

Es una ruta larga y dispersa, mejor planteada en tres tramos: norte de Cáceres (Madrigal de la Vera, Segura de Toro, Coria), centro de Cáceres (Botija, Aldeacentenera, Garciaz y el Trampal de Alcuéscar) y Vegas del Guadiana y La Serena (Mérida, San Pedro de Mérida y Zalamea).

No todas las paradas se visitan igual. Santa Lucía del Trampal y Cancho Roano tienen centro de interpretación con acceso gratuito, y el Teatro de Mérida forma parte del conjunto arqueológico de la ciudad. Las murallas de Coria, el verraco de Segura de Toro y el dístilo de Zalamea se ven libremente en la calle. En cambio, la Necrópolis del Cardenillo no tiene restos visibles in situ —su urna está en el Museo de Cáceres, en el Palacio de las Veletas—, la ermita de la Portera de Garciaz está en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra por su estado de ruina, y las fichas de los castros de Botija y Aldeacentenera no detallan un régimen de visita: conviene informarse en cada ayuntamiento antes de ir.