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Sinagoga y judería de Cabezuela del Valle

Antiguo barrio judío medieval, con categoría de aljama, cuya sinagoga -donada al concejo en 1494 tras la expulsión de los judíos- dio paso a la actual iglesia de San Miguel Arcángel.

Cabezuela del VallePatrimonio judíoConjunto Histórico-Artístico (1998)
Sinagoga y judería de Cabezuela del Valle (Cabezuela del Valle)
Calles empinadas y laberínticas del casco histórico de Cabezuela del Valle, heredero del trazado de su antigua judería. Foto: Luis Rogelio HM (CC BY-SA 2.0) · Wikimedia Commons

Qué es

Cabezuela del Valle contó en la Edad Media con una comunidad judía de cierta importancia, con categoría de aljama, asentada en un barrio de calles empinadas y trazado laberíntico que desciende hacia el río Jerte. Según la tradición local, aquella judería recibió a familias hebreas huidas de los pogromos de 1391 en Córdoba, Lucena y Sevilla, lo que explicaría su crecimiento posterior. A finales del siglo XV el barrio se había quedado pequeño, y en 1491 los Reyes Católicos concedieron a la comunidad judía de Cabezuela el privilegio, poco habitual, de ampliar su judería al otro lado del río. Apenas un año más tarde, tras el Decreto de la Alhambra de 1492, sus vecinos judíos que no optaron por la conversión se vieron obligados a partir al exilio, y muchas familias se trasladaron a localidades cercanas como Jerte o Tornavacas. La antigua sinagoga fue donada al concejo en 1494, y sobre su solar se levantó, ya en el siglo XVI, la actual iglesia de San Miguel Arcángel, construida con muros de sillería de granito y reformada en los siglos siguientes hasta su conclusión en 1735.

Cómo visitarlo

No queda en pie el edificio original de la sinagoga, sustituido por la iglesia de San Miguel Arcángel, pero el trazado del antiguo barrio judío se conserva con notable fidelidad en el casco histórico de Cabezuela del Valle, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1998: calles estrechas, empinadas y de trazado irregular, con casas tradicionales de entramado de madera y adobe, que se recorren a pie desde la plaza donde se alza la iglesia. La visita se combina de forma natural con el resto del patrimonio del pueblo -las ermitas barrocas del siglo XVIII y el Museo de la Cereza- y es especialmente recomendable en primavera, coincidiendo con la floración de los cerezos de El Cerezo en Flor.