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Ruta de los Puentes Históricos de Extremadura

Ocho puentes sobre gargantas, riberas y grandes ríos, de La Vera a Tierra de Barros: casi dos mil años de caminos que cruzan el agua.

PuentesRíosBadajoz y Cáceres

Caminos que cruzan el agua

Extremadura es tierra de grandes ríos —el Tajo y el Guadiana— y de un sinfín de afluentes, gargantas y riberas que durante siglos obligaron a levantar puentes para que pasaran caminos reales, cañadas y rutas entre ciudades. Esta ruta reúne ocho de ellos, de épocas muy distintas: desde una de las grandes obras de ingeniería del Imperio romano hasta un puente de piedra del siglo XIX, pasando por fábricas medievales, renacentistas y barrocas.

Casi todos comparten un rasgo: nacieron para unir dos lugares concretos —Norba y Conimbriga, Cáceres y Plasencia, Badajoz y Cáceres, Herreruela y Brozas— y su historia es también la de los caminos que servían. Algunos siguen soportando tráfico; otros quedaron para el paso de peatones y ganado, y uno de ellos pasa la mayor parte del año bajo las aguas de un embalse.

De norte a sur, río a río

La ruta arranca en La Vera con el Puente de Cuartos, un puente de granito de tres arcos sobre la garganta de Cuartos, a unos dos kilómetros de Losar de la Vera, fechado en el siglo XV o XVI según la fuente, y con una de las piscinas naturales más conocidas de la comarca bajo sus arcos. Bajando hacia el Almonte, el Puente del Cardenal de Jaraicejo nació hacia 1440 con tres arcos por encargo del obispo de Plasencia Juan de Carvajal y se amplió en el siglo XVII hasta los nueve que conserva hoy, a lo largo de 150 metros; sirvió al camino real que unía Madrid y Toledo con Extremadura a través de Trujillo y es Bien de Interés Cultural desde 2019.

Aguas abajo, en la confluencia del Almonte y el Tamuja, los Puentes de Don Francisco (Talaván) son dos puentes consecutivos de mediados del siglo XVI, costeados por Francisco de Carvajal y Sande para abrir un camino directo entre Cáceres y Plasencia; hoy el embalse de Alcántara los mantiene sumergidos casi todo el año. Siguiendo el Tajo hacia Portugal se llega al Puente Romano de Alcántara, levantado entre los años 104 y 106 d. C. y dedicado a Trajano: 194 metros de longitud, hasta 61 de altura sobre el cauce y un arco de triunfo sobre el pilar central. Desde octubre de 2025 es de uso peatonal.

Más al sur, el Puente de cinco ojos de Herreruela salva el río Salor en el antiguo camino hacia Brozas; la web municipal lo fecha en el siglo XIX, y a su lado se conservan un molino hidráulico y una burrera. Ya en Badajoz, el puente medieval de La Roca de la Sierra, de tres arcos rebajados sobre la Ribera de Troya, estaba en el antiguo camino de Badajoz a Cáceres. El Guadiana aparece en Medellín, con un puente barroco de veinte ojos y unos 400 metros construido entre 1613 y 1630, el tercero conocido en ese punto del río tras uno romano y otro renacentista destruido por la riada de 1603. La ruta termina en el puente mudéjar de Palomas, de mampostería sobre el arroyo Palomillas, al que el pueblo debe su nombre y su origen.

Cómo plantear la ruta

Los puentes quedan repartidos por buena parte de la región, así que lo razonable es dividir la ruta en tramos: La Vera y el Almonte (Losar de la Vera, Jaraicejo, Talaván), Tajo y Salor (Alcántara, Herreruela) y Vegas del Guadiana y Tierra de Barros (La Roca de la Sierra, Medellín, Palomas).

Antes de ir conviene tener en cuenta varias cosas. Los Puentes de Don Francisco solo emergen cuando el nivel del embalse de Alcántara baja mucho, en una zona de difícil acceso a varios kilómetros de Talaván: lo normal es no poder verlos. El Puente de Cuartos es un área recreativa muy concurrida en verano y fines de semana. Los puentes de Herreruela y La Roca de la Sierra no tienen paneles interpretativos ni están musealizados, y el de La Roca presenta cierto deterioro y pintadas. En Palomas, las fuentes no documentan con precisión el estado de conservación actual del puente. El resto —Alcántara, Jaraicejo, Medellín— se visita libremente desde la orilla o cruzándolos a pie. Cada ficha detalla el acceso.